Empieza por las teclas que utilizas
Haz una lista de las teclas que necesitas para el trabajo habitual, incluidos el teclado numérico, las teclas de función o los controles de navegación. Comprueba el idioma y la disposición exacta de las teclas en la ficha del producto. Un teclado compacto puede requerir combinaciones para acciones conocidas, a las que tendrás que acostumbrarte. Asegúrate de que esos cambios encajen con tus tareas diarias.
Mide el espacio de todo el conjunto
Comprueba el ancho y la profundidad del teclado y deja espacio para el ratón y cualquier libreta que uses a su lado. Incluye un teclado numérico independiente o un reposamuñecas si piensas añadirlos. Fíjate en la posición de los puertos de carga y las salidas de los cables para que la distribución final encaje en tu escritorio.
Prueba el tacto y el sonido
Si puedes, prueba un teclado antes de elegir un tipo de mecanismo. Valora la separación entre teclas, la resistencia y el ruido al escribir con normalidad, sin guiarte únicamente por las etiquetas. Ten en cuenta a las personas que comparten la habitación. Un sonido que te gusta durante unos minutos puede resultar menos agradable tras una tarde de llamadas y trabajo que requiere concentración.
Comprueba la conexión y la personalización
Confirma el tipo de conexión por cable o inalámbrica, el sistema de alimentación y los sistemas operativos compatibles. Comprueba qué accesos directos requieren software de configuración y si ese software funciona en tu ordenador. Si necesitas alternar entre dispositivos, lee las instrucciones de emparejamiento y cambio. Ten presentes las condiciones de devolución si no puedes probar la distribución antes de pedirlo.
Un producto nuevo debería resolver un problema concreto o aportar algo útil a tu día. Comprueba sus especificaciones y compatibilidad antes de gastar.